Reseña Cómic: Creeping

creeping

Título original: Creeping
Editorial: Dark Horse
Año: 2014
Guion: Zack Keller (sobre una historia de Mike Richardson)
Dibujo: Doug Wheatley
Grado: 6/10
Reseña: Hugo C

Reseña con algunos spoilers que, de todos modos, puede intuir cualquiera que haya visto al menos una película con adolescentontos que se meten donde no se tienen que meter.

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Que no les engañe el arte de tapa medio pedorro que parece hecho con Poser u otro programa similar: adentro, la cosa mejora.

La historia es de Mike Richardson, el mismísimo Mr. Dark Horse, así que ya de entrada uno sabe que el tipo iba a elegir un equipo competente, y así es. El guión de Zack Keller es funcional, y el arte de Doug Wheatley es mucho mejor de lo que la portada mediocre nos puede hacer creer.

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La historia es adocenada y previsible, pero el fuerte de Creeping son los personajes y cómo el guion se va tomando el tiempo necesario como para que los conozcamos lo suficiente para que nos importe –al menos un poquito– lo que les pase.

En cuanto al resto: hay un reto en las redes sociales, una estupidez como las tantas que en la vida real suelen tener lugar en esas plataformas, llamada creeping. Se trata de ir a un lugar tenebroso –el escenario de un crimen sangriento, una casa embrujada, un cementerio– y pasar la noche allí.

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Así que sí, es una historia como aquellas de las películas de antaño –en blanco y negro– en las que los protagonistas entraban a un castillo o caserón ominoso, y si entraban ocho, salían dos. O, si se prefiere una comparación más actual, como aquellas películas en las que un grupo de adolescentes vuelve al campamento de verano donde unos años antes un asesino exterminó a otros adolescentes igualmente descerebrados.

Dicho de una manera más diplomática: un homage a las películas de haunted house de los años 40 o las de adolescentes masacrados de los años 80. Incluso con la obligatoria reunión alrededor de una fogata en la que uno de los personajes –ajeno al grupo– los pone al tanto de las historias macabras del lugar…

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Hay que señalar que, sin embargo, los adolescentes aquí no lo son tanto: se trata de cuatro estudiantes de medicina. Uno de ellos, el más vacuo, quiere ser un influencer en las redes y convence a sus amigos para ir a tal o cual lugar para hacer videos de creeping. Son como la pandilla de Sccoby-Doo, pero sin gran danés, y escogidos con sumo cuidado para que nadie diga que se trata de un grupo no inclusivo: hay una chica afroamericana, otra latina, un chico oriental y por supuesto que el más tarambana es aquel personaje que no es mujer o afroamericano o latino u oriental, aunque, eso sí, con un nombre más o menos étnico, no sea cosa de que termine siendo demasiado WASP para las tendencias actuales.

De todos modos, en Creeping las etnicidades terminan siendo algo secundario. Lo mismo con respecto a su orientación sexual, y el que sean heterosexuales o no es totalmente irrelevante. Lo importante es lo que les sucede, y para ese entonces el cómic se ha tomado el tiempo suficiente para que conozcamos las virtudes y los defectos de cada uno de los protagonistas y sepamos dónde están parados.

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Así que bueno, la pandilla de Scooby termina yendo a este castillo donde se supone que pasan cosas raras… y por supuesto, pasan cosas raras. Y sangrientas. Y al final queda un único sobreviviente. Uno, una, une. Lean la descripción de hace dos párrafos y ya se pueden imaginar quién es.

Pero, y hete aquí lo extraño, el cómic funciona a pesar de que uno se ve venir el final desde muy, muy lejos, y que puede anticipar el orden de las muertes con un margen de error del 0.25%, y eso se debe a los personajes en sí, o mejor dicho, a su carnadura, al hecho de que no se trata de trozos de carne fungible que camina rumbo al matadero. Así que, si no tienen nada mejor que hacer, les recomiendo esta lectura previsible pero de algún modo disfrutable.

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