Reseña Libro: Las doce moradas del viento

Las doce moradas del viento

Autor: Ursula K. Le Guin
Año: 1975 (264 páginas)
Etiquetas: Relato, Ciencia ficción, Fantástico
Reseña: Kal-El

Sinopsis

Las doce moradas del viento reúne en orden cronológico diecisiete de los mejores y más representativos cuentos de una de las grandes figuras de la literatura fantástica, precedidos además cada uno de ellos de un breve comentario de la autora en los que explica alguna anécdota relacionada con cada texto o explica cómo el cuento le llevó a desarrollar ciertas ideas en obras posteriores. En este sentido, en su conjunto permiten acceder a los tipos de mundos imaginarios que posteriormente desarrollaría Le Guin en sus novelas, al tiempo que conocer algunos detalles de lo más curioso acerca del funcionamiento y éxito de las publicaciones en que originalmente se publicaron, pues incluye explicaciones de, por ejemplo, cuál fue el primer cuento por el que cobró y cuánto. Es un modo excelente de conocer en un sólo libro el estilo de una gran autora.

Esta obra fue galardonada con el Premio Gigamesh en 1986 a la mejor antología. Si bien Tolkien es un punto de referencia obligado, Úrsula K. Le Guin, que en su momento sorprendió a los lectores del género por ofrecer una mirada marcadamente femenina, no le va demasiado a la zaga y goza de un prestigio excepcional.

Para esta compilación me he tomado la libertad de colocar en cada uno de los cuentos las notas que Úrsula ha tenido a bien compartir.

Cómo siempre que se trata de una compilación de cuentos, la clasificación es la siguiente:

  • No pierdas el tiempo (*)
  • Entretenido (**)
  • Imperdible (***)
  • Extraordinario (****)

01. EL COLLAR DE SEMLEY (**)

Este cuento, escrito en 1963, publicado en 1964 como La dote de los Angyar y en 1966 como prólogo de mi novela El Mundo de Rocannon, es en realidad el octavo que publiqué, pero inicia este libro porque pienso que es el más característico y romántico de mis primeros trabajos fantásticos y de ciencia ficción. Desde este cuento hasta el último de la selección, que escribí en 1972, mi estilo ha progresado, alejándose lenta y continuamente del franco romanticismo. No hay duda de que sigo siendo una romántica y eso me alegra, pero el candor y la inocencia de El collar de Semley se han convertido gradualmente en algo más fuerte, más duro, y más complejo.

Citas:

«Las mujeres casadas de los Angyar jamás cabalgaban, sino por necesidad, y Semley no había salido de Hallan después de su matrimonio; ahora, al montar sobre la alta silla de su animal alado se sintió niña otra vez, como la doncella indómita que había sido, cabalgando sobre escuálidas bestias con el viento del norte, a través de los campos de Kirien, pero su montura actual provenía de las montañas de Hallan, era de la mejor de las razas»

Un mundo en guerra, una mujer que tiene la capacidad de poner las cosas en orden siempre y cuando consiga una antigua y poderosa joya que ha pertenecido a su familia por generaciones.

El reto es grande y sola no podrá obtener lo que el reino tanto necesita para que los tiempos de paz vuelvan a hacer su presencia.

La solicitud de la ayuda vendrá acompañada de dos condiciones: un viaje de ida que dura una noche y lo mismo para el regreso. Tan fácil. La aventura comienza pero todo se pierde al regresar. Si te cuento y como y el porque me estaré robando la sorpresa, de la misma manera que la joya familiar se perdió.

02. ABRIL EN PARIS (****)

Este es el primer cuento que me pagaron; el segundo que publiqué y, posiblemente, el trigésimo o cuadragésimo que escribí. Hago poesía y ficción desde que mi hermano Ted, cansado de tener una hermana de cinco años analfabeta, me enseñó a leer. Alrededor de los veinte empecé a mandar cosas a los editores. Publicaron algunas poesías, pero fue a los treinta que empecé a mandar ficción sistemáticamente. Sistemáticamente me la iban devolviendo.

Abril en París fue la primera de mis obras que formó parte de un «género» (fantasía reconocible o ciencia ficción) desde 1942, cuando escribí un Origen-de-la-vida-sobre-la-Tierra para Astounding que, inconcebiblemente, fue rechazado (John Campbell y yo nunca concordamos). A los doce años tuve la satisfacción de recibir una auténtica comunicación impresa de rechazo, pero a los treinta y dos tuve la satisfacción de recibir un cheque. El «profesionalismo» no es una virtud; un profesional es alguien que recibe una paga por hacer lo que un aficionado hace por amor. Pero en una economía de dinero como la nuestra, el hecho de recibir una paga implica que tu trabajo va a circular, que lo van a leer; es la manera de comunicarse, que es la meta del artista. Celle Goldsmith Lalli fue quien compró este cuento en 1962, y era la editora más perceptiva y emprendedora que jamás haya tenido una revista de ciencia ficción. Le estoy agradecida por haberme abierto las puertas.

Citas:

«— Invoquemos una mujer, Jehan — dijo Barry en tono bajo, lascivo, sonriendo como una gárgola.

— ¿Y si esta vez hacemos que se alce un demonio?

— ¿Hay realmente mucha diferencia?»

Al diablo con la ciencia ¿Quién la necesita? Definitivamente NO nuestros protagonistas. Con una diferencia de quinientos años entre los tiempos que viven cada uno de ellos (recuerda, solo son dos) y con objetivos parecidos pero en el extremo de sus intereses, la casualidad hace que se sientan tan a gusto el uno con el otro que poco necesitan para que la amistad aflore y que el conocimiento que el tiempo ha hecho desaparecer o que todavía no ha sido «descubierto» sea el material que todas y cada una de las noches intercambian entre sí.

¡Espera! ¿Y cómo es que han logrado estar juntos si los separan una gran cantidad de años? Hay un libro (SIEMPRE hay un libro) que cuenta con la información suficiente y a bajo costo para realizar viajes en el tiempo (el método más original que hasta el momento me he encontrado). El final es de lo más sugerente que te vas a encontrar y sobre todo cargado de humor negro.

03. LOS MAESTROS (****)

Los maestros fue el primer cuento de ciencia ficción auténtico, verdadero y de genuina lana virgen que publiqué, es decir, un cuento en el que, o para el que, la existencia y los logros de la ciencia son, de un modo u otro, esenciales. Por lo menos eso es lo que los lunes entiendo como ciencia ficción. Los martes a veces pienso en forma diferente.

Algunos escritores de ciencia ficción detestan la ciencia, su espíritu, su método y su obra. Algunos están contra la tecnología, otros la adoran. A mí me aburre la tecnología compleja, pero me fascinan la biología, la psicología, y los fines especulativos de la física y la astronomía, al menos hasta donde los comprendo. Un personaje habitual de mis cuentos es el científico, por lo general un solitario, un aventurero aislado, alguien al margen de las cosas.

El tema de este cuento es un tema al que regresé más tarde y considerablemente mejor equipada. A pesar de ello tiene una buena frase: «Había estado tratando de medir la distancia que hay entre la Tierra y Dios».

Citas:

«— Evitar las herejías, denunciar a todos los nigromantes ante las Cortes del Colegio, y obedecer a los Maestros Superiores de mi Logia desde ahora hasta mi muerte… — murmullos, murmullos; algunos parecían repetir el largo texto, otros no; Ganil, confundido, farfulló una o dos palabras y luego calló —. Y juro no enseñar nunca los Misterios de la Mecánica a ningún gentil. Esto lo juro por el Sol — un rumor estridente ahogó casi las voces de los hombres mientras una parte del techo se iba abriendo pausadamente para mostrar el cielo de verano, gris amarillento y cubierto de nubes.»

Un lugar atemporal, un rito de iniciación que sale mal, un ingresado a la orden con poca paciencia y mucho amor a los números. Y ese amor lo llevara a realizar un avance extraordinario en el desarrollo de las matemáticas, «descubriendo» el uso de la nada (0), un comodín en la colocación de las cifras que te permite realizar operaciones grandes, muy grandes; cosa imposible de realizar con el actual sistema numérico.

El resto del cuento es cuesta abajo, no solo para nuestro protagonista sino también para todos los que viven en la pequeña aldea y que son dependiente de las habilidades de los maestros. Nunca nada volverá a ser igual.

Luces estrobo en mi cabeza.

Libro El nombre de la rosa (Eco, 1980). Participando de características propias de la novela gótica, la crónica medieval, la novela policiaca, el relato ideológico en clave, y la alegoría narrativa, El nombre de la rosa ofrece distintos puntos de interés: primero una trama apasionante y constelada de golpes de efecto, que narra las actividades detectivescas de Guillermo de Baskerville para esclarecer los crímenes de una abadía benedictina. El conocimiento no puede caer en manos de cualquiera, podría obligarte a pensar.

Libro La historia de tu vida (Chiang, 2002). Revisa con calma el cuento La torre de Babilonia.

04. LA CAJA DE LA OBSCURIDAD (***)

Cuando mi hija Caroline tenía tres años, se me acercó una vez con una pequeña caja de madera en las manecitas y me dijo: «Adivina qué hay en esta caja». Le respondí que gusanos, ratones, elefantes, etc… Sacudió la cabeza, sonrió con una sonrisa difícil de describir, abrió apenas la caja para que yo solo alcanzara a ver el interior, y me dijo: «Obscuridad». En consecuencia, he aquí este cuento.

Una lucha fratricida alentada por el padre que es el rey, una caja que se encuentra en las manos de un pequeño que es hijo de una bruja y que a la vez tiene un gran gato negro que puede hablar pero que su poder radica en decir lo que los demás no quieren mencionar por temor a causar una incomodidad.

Este es el escenario donde una pequeña caja de Pandora rueda de mano en mano y que contiene…

05. LA PALABRA QUE LIBERA (***)

Los dos cuentos siguientes fueron mi primer acercamiento y mi primera exploración del «mundo secundario» de Terramar, sobre el que más tarde escribiría tres novelas. Al principio no sabía mucho del lugar, y los lectores que estén familiarizados con la trilogía notarán que en algún momento los gnomos de Terramar se extinguen, y que la historia del dragón Yevaud es un tanto obscura. (Deben de haber pasado algunas décadas o siglos en Sattins Island antes de que Ged lo encontrara, y lo atara, en la Isla de Pendor). Pero esto solo se puede esperar de los dragones, que no se someten a los requerimientos causales o unidireccionales del relato, porque son mitos y están fuera de los confines del tiempo.

El poder de los nombres explora primero un elemento esencial en el funcionamiento de la magia en Terramar. La palabra que desliga anuncia el final del último libro de la trilogía, La costa más lejana, por la forma en que imagina el Mundo de los muertos. También manifiesta cierta obsesión por los árboles, que una vez descubiertos siguen apareciendo a lo largo de mi obra. Pienso que sin duda soy la más arbórea de las escritoras de ciencia ficción. Para el resto de vosotros, que descendisteis y desarrollasteis pulgares oponibles, y una postura erguida, y esas cosas, todo está bien. Aún quedamos unos pocos balanceándonos aquí arriba.

Citas:

«Festín se convirtió en un pequeño murciélago negro y voló hacia el techo, donde se transformó en una ligera corriente de aire puro, que se filtró a través de la grieta.»

Una gran y poderoso mago se encuentra prisionero dentro del lugar más oscuro y húmedo que su enemigo pudo encontrar, fuera un par de poderosos trolls cuidan que no escape. El relato es sobre las infinitas formas en que este mago intenta salir y de cuantas maneras dolorosas es devuelto de nuevo a su oscura celda. El final pertenece más a las venganzas no dolorosas que la sabiduría que el tiempo y la vejez son capaces de dar a los que son pacientes… y paciencia es lo que este mago va a necesitar para que el ciclo no vuelva a repetirse.

06. EL PODER DE LOS NOMBRES (***)

Citas:

«— Porque el nombre es la cosa — dijo con voz suave, tímida, ronca —, y el verdadero nombre es la verdadera cosa. Conocer el nombre significa controlar la cosa. ¿No es así, señorita maestra?»

Un «campechano» mago da servicio a un pequeño y simpático pueblo. Al igual que un médico, los magos son indispensables en la comunidad, de otra manera no habría quien pudiera aliviar los dolores, tanto de los habitantes como de su ganado.

Solo hay que cumplir con un requisito, importantísimo: nadie sabe el verdadero nombre de las personas o las mascotas. Romper con esto implica que salgas del pueblo sin posibilidad alguna de regreso.

Y el idilio se rompe el día que otro mago se hace presente en la aldea.

Hasta aquí, el resto del cuento esclarece tantas cosas que decirlas le quita el sabor al caldo. Solo puedo decirte que el final es ÉPICO.

07. El rey de invierno (***)

Cuando escribí este cuento, un año antes de empezar la novela La mano izquierda de la obscuridad, no sabía que los habitantes del planeta Invierno o Gheten eran andróginos. Para el momento en que la historia salió impresa lo supe, pero era demasiado tarde para enmendar términos tales como «hijo», «madre», etcétera.

Citas:

«—Lord Axt y el sucesor que usted ha dejado mandan con regularidad resúmenes de los sucesos, y varios mensajes privados para usted; encontrará todo el material en sus aposentos, señor Harge. Muy abreviado: la regencia de Lord Gerer fue benigna y tranquila, hubo una depresión en los dos primeros años, durante la cual fueron abandonadas vuestras colonias árticas, pero en este momento la economía es bastante estable. Su heredero fue coronado a los dieciocho años, y ya lleva siete en su mandato.

—Sí. Ya veo —dijo la persona que la noche anterior había besado a aquel heredero de un año.»

Todo comienza con un rapto al Rey (Reina). Una extraña liberación que ocurre sin pedir rescate. Un escape en medio de la noche con el tiempo suficiente para despedirse de su pequeño hijo (hija) y que teme por su vida.

Después viene un detallado viaje donde (nuevamente) la dilatación del tiempo es el principal componente para que viejos y nuevos personajes se encuentren, se reconozcan y se tomen dolorosas decisiones.

08. El viaje (***)

Este cuento se publicó cuando el problema de las drogas estaba en su apogeo y una de las reacciones que provocó fue que alguien dijera que yo estaba tratando de sacar provecho de un tema candente. Eso me hizo gracia, dado mi infalible talento para perder la nave en la que navega la gente que se pone a la moda, y también porque de alguna manera la clave de este pequeño relato está en que Lewis no hace el viaje químico, sino que llega allí por su cuenta… con una ayuda de su amigo.

Citas:

«Lo más difícil de tener que contemplar cómo va enloqueciendo tu mujer es que no puedes seguirla. Se aleja más y más, sin mirar atrás, en un largo viaje al silencio. La lira enmudece y los psiquiatras también mienten. Te encuentras detrás de la pared de vidrio de tu cordura como alguien que ve un accidente desde el aeropuerto.»

La única manera en la que nuestro protagonista logra hacer frente al dolor por la ausencia es mediante una droga que no funciona en su cuerpo. O que tarda su tiempo en hacer efecto. Quizás sea el estrés. Quizás es inmune.

Impaciente, la luz comienza a disminuir; un compañero de cuarto se levanta de la cama y entra en el baño.

Es insoportable. Decide tomar una caminata corta y al mismo tiempo un viaje largo.

09. Nueve vidas (****)

El biólogo Gordon Rattray Taylor es el responsable, aunque inocente, de este cuento. En su estupendo libro La bomba de tiempo biológica aparece un capítulo dedicado al clonismo. Lo leí, y luego escribí esto.

Nunca he estado tan cerca de la ciencia ficción «vital» o «en esencia» como en este cuento; es la elaboración de un tema extraído directamente de trabajos contemporáneos sobre las ciencias cuantitativas. Es un relato sobre «y qué si…». No obstante, desarrollo el tema cualitativa y psicológicamente.

Citas:

«El clon, cinco varones y cinco hembras, había realizado, en un par de minutos, lo que para un solo hombre requería veinte: saludar a Pugh y a Martín, echar una ojeada a Libra, descargar la nave, prepararse para entrar. Entraron, y la cúpula se llenó con ellos, un enjambre de doradas abejas. Zumbaban silenciosamente, llenando todos los silencios, todos los espacios, con un hormiguear de presencia humana.»

«Martín miró con una expresión de asombro a las esbeltas muchachas, y ellas le sonrieron, tres a la vez. Su sonrisa, más amable que la de los jóvenes, era igualmente pagada de sí misma.»

Un par de viejos mineros espaciales han decidido que es momento de dejar las cosas como están y regresar al planeta madre. Pero su contrato les impide dejarlo todo así como así. Deben esperar a que el nuevo contingente llegue y pasar la estafeta como se debe. Todo en regla.

Lo que no esperaban era que llegaran diez personas en lugar de una. Y todo se complica cuando se combinan el excelente trabajo de los recién llegados con el cansancio de los gambusinos.

Ninguno contaba con el desastroso final al que se ven sometidos. «En el espacio nadie puede oír tus gritos»

Luces estrobo en mi cabeza.

Película Moon (Jones, 2009). En un futuro no muy lejano, un astronauta vive aislado durante tres años en una excavación minera de la Luna. Cuando su contrato está a punto de expirar, descubre un terrible secreto que le concierne.

10. Cosas (**)

Damon Knight, editor mirabilis, publicó por primera vez este relato en un tomo de Orbit, con el título El final. No recuerdo ahora cómo llegamos a este título, pero sospecho que él pensó que Cosas sonaba demasiado a algo que se ve en televisión a la una de la madrugada, con tentáculos de color violeta.

Citas:

«Ahora, otra vez en la fábrica de ladrillos, con el olor a sal en la ropa y la cara caliente por el viento del mar, seguía sin sentir la desesperación riente y destructora de los iracundos, ni la creciente y llorosa desesperación de los comulgantes de los Heights; se sentía vacío; sentía hambre.»

Algo ocurre en el pueblo: los habitantes comienzan a migrar, poco a poco. No hay ningún desastre a la vista; ninguna invasión; hambrunas o apocalipsis natural.

La gente decide que es tiempo de irse y llevarse a su familia y la mayor cantidad de propiedades, aquellas que puedan trasportar.

De los pocos que se quedan, el que «vive» de fabricar ladrillos, una viuda (que vivía de hacer remiendos a la ropa de la comunidad) y la niña a la que cuida, se quedan.

Una idea cruza la cabeza de Lif (que es el nombre del ladrillero) a partir de un extraño sueño: Él solía dormir tan quieto como los propios ladrillos, pero aquella noche surcó las aguas del mar y fue hacia las islas. Y no lo hizo volando o navegando. No. Lo hizo utilizando sus ladrillos construyendo un camino por debajo del agua.

La construcción avanza sin prisa pero sin pausa: respirar a varios metros bajo el agua comienza a costarle trabajo. La constancia, los miles de ladrillos que han encontrado su utilidad y un sorpresivo final hacen que el sueño se haga realidad.

11. Un viaje a la cabeza (***)

La mayoría de las personas «llevan vidas de tranquila desesperación», y algunos relatos nacen también de ese estado. Estábamos en Inglaterra, era el mes de noviembre, llovía, anochecía a las dos de la tarde, me habían robado en el puerto de Southampton la maleta que contenía todos mis originales, llevaba varios meses sin escribir nada, no entendía al verdulero y él no me entendía a mí, y era la desesperación…

Citas:

«Blanco examinó su memoria para ver si había mejorado mientras estaba fuera. Había en ella menos cosas que antes. El armario estaba vacío. Había un montón de trastos en las bodegas y buhardillas, juguetes viejos, canciones infantiles, mitos, cuentos de viejas, pero ningún alimento para adultos, ni un vestigio de posesión, ni una migaja de éxito.»

Lo peor que puede pasarte es perder el nombre (y de pasada el sexo), olvidarlo es un evento de lo más desafortunado. Y si la persona que te acompaña en tu viaje (¿a dónde?) es parecido a ti (¿quién soy yo?) y tampoco recuerda su nombre, en bonito lío estamos metidos. Afortunadamente, las posibilidades son infinitas cuando se trata de crear nuevas realidades: finalmente, alguien debe saber cómo me llamo. Y una vez que lo recuerde las cosas volverán a ser «normales», quizás mejores.

Con dos viajes es más que suficiente para obtener la información que se busca con tanta desesperación, solo que… al darle fin a la realidad, pues…

12. Más vasto que los imperios, y más lento (***)

Como Nueve vidas, este relato no es un psicomito sino una historia corriente de ciencia ficción, no desarrollada en función de la aventura sino de la psicología. Si la acción física no refleja la acción psíquica, si la acción no expresa a la persona, los relatos de aventuras me aburren mucho; a menudo me parece que cuanta más acción hay, menos cosas suceden.

Citas:

«Cuando al cabo de diez horas y veintinueve minutos, o sea, 256 años, Gum reapareció en el espacio normal, se contaba con que estuviera en las cercanías de la Estrella KG-E-96651.»

Un pequeño equipo de elite va en pos de un planeta que promete ser terraformado con las menores incidencias. Uno de los integrantes cuenta un poder útil para el viaje: tiene un exceso de «empatía»: puede identificar si hay vida inteligente en el planeta e identificar como comunicarse con ellos (o lo que sea que habite el planeta).

Lo que no contaban es con la «perdida» y «recuperación» de la nave por un «pequeño» período de tiempo y los sucesos extraños entre los integrantes del pequeño grupo: fricciones y molestias que por poco llegan a los golpes.

Las cosas se complican cuando llegan al planeta: algo se mueve de manera sigilosa, continua, como en suspiros. Y esos suspiros de movimiento son notados cada vez más por la tripulación. La paranoia comienza a apoderarse de los más débiles.

¿Habrá alguna manera de poder continuar con la misión sin poner en riesgo la vida de los integrantes?

¿Es real lo que se ve antes de parpadear?

¿El escalofrío se puede controlar?

Luces estrobo en mi cabeza.

Película Event Horizon (Anderson, 1997). En el año 2047, la nave de rescate “Lewis and Clark” es enviada a investigar la misteriosa reaparición en la órbita de Neptuno de una nave experimental, la “Horizonte Final”, desaparecida años antes con toda su tripulación.

13. Las estrellas en la roca (****)

Cuando escribí Las estrellas en la roca, creía saber lo que estaba haciendo. Como en el relato The masters, contaba una historia no sobre un artilugio ni sobre una hipótesis, sino sobre la ciencia misma, sobre la idea de la ciencia. Y sobre lo que le ocurre a esta idea cuando se encuentra con ideas totalmente opuestas y muy poderosas, representadas por el gobierno, como en el siglo diecisiete, cuando la astronomía chocó con las ideas del Papa, o en los años treinta, cuando la genética chocó con las ideas de Stalin.

Citas:

«—¿Que por qué os persiguen? ¿Necesitáis que os lo diga? ¡Os buscan para quemaros vivo, hombre de Dios! ¡Por hereje!»

Después del choque físico viene el choque mental, el de saberse despojado de lo que alimenta tú alma. El pobre astrónomo no alcanza entender porque la agresión por parte de los habitantes del mismo pueblo que habitan, al fin, nos conocemos de hace mucho, convivimos en el mercado que se pone en el centro de la pequeña plaza y nos saludamos por las mañanas.

Quizás los comentarios que he hecho hayan molestado al Papa, pero eso solo logra confundir más su golpeada mente: ¿está mal que vea y ponga en papel lo que hay en el universo? ¿Esas maravillas que no todos pueden ver?

Salva la vida gracias a la fortuna de esconderse en el sótano y después un importante miembro de la comunidad le tiende la mano.

El único lugar seguro es el fondo de una mina agotada de plata. O eso es lo que piensa los mineros.

A partir de aquí, lo que se vive en la oscuridad de la mina y los «milagros» que la óptica tiene que ofrecer a los cansados trabajadores son el final de este cuento con moraleja.

14. El campo de visión (****)

Apenas sé qué decir acerca de El campo de visión; es una especie de rabieta sublimada. Una carta indignada al editor. Un gesto grosero.

Shelley fue expulsado de Oxford — creo que nunca se ha probado la autenticidad de la anécdota, pero no importa — por haber escrito en la pared que cerraba un callejón sin salida: «Por aquí se va al cielo». Tengo el sentimiento de que está pintada necesita una segunda mano de vez en cuando.

Citas:

«Dwight tiene una sobrecarga en la corteza cerebral, Joe se vuelve catatónico, yo empiezo a tener visiones… ¿Qué relación hay?»

Los viajes espaciales se han convertido en un asunto comercial. Pero antes tienen que llegar los aventureros, llegaran los de la vanguardia. Ellos serán los responsables de abrir el camino para los que vendrán en la segunda ola de la colonización. Y el planeta en cuestión es ni más ni menos que Marte.

Tres valientes astronautas se encargaran de esta misión, desde la Tierra y con una comunicación constante, no logran entender porque la misión se corta ochenta y dos horas antes de los programado.

Gracias al manejo automático de la nave, la cápsula llega completa y con un pequeño margen de error de regreso a casa.

De los tres, solo dos han regresado en buenas condiciones. Los otros dos parecen autistas.

Lo que encontraron en lo que han dado en llamar la habitación, mientras que un meteorito salido del cinturón de asteroides llega a la Tierra y su contenido (dos astronautas) tiene mucho que explicar.

El campo de visión comienza a angostarse para los que no viajamos a Marte.

15. La dirección de la carretera (****)

El árbol se encuentra justo al sur del desvío de McMinnville en la autopista 18 del estado de Oregón. Perdió una rama principal el año pasado, pero aún tiene un aspecto magnífico. Pasamos en coche a su lado varias veces al año, y nunca ha dejado de sostener la idea de la Relatividad con dignidad y con la habilidad de una larga práctica.

Citas:

«La primera vez que vi un automóvil, lo recuerdo aún, lo tomé, como la mayor parte de nosotros, por un ser mortal una especie de criatura sin raíces a la que no conocía. Sentí un cierto sobrecogimiento ya que, con ciento treinta y dos años de edad, creía conocer a toda la fauna local.»

De nuevo los árboles. Y este es uno muy especial porque será el protagonista de esta larga historia en el tiempo, su tiempo. Que no es el mismo que el de la raza humana. Y su percepción del ir y venir de los «sin raíces» es de los más particular.

Porque tiene la responsabilidad que no obligación de darle a todos y cada uno de los observadores (de aquellos que lo miran) de ofrecer una perspectiva única de acuerdo a la ubicación: pequeña para aquel que está a una larga distancia, grande para el otro que ha decidido dormir a sus pies y quizás para un tercero que se acerca lentamente, crecer de manera gradual; en todos los casos y al mismo tiempo ha de tomar el tamaño correcto.

¿Y cuándo se deciden a hacer uso de la fuerza innecesaria a través de esas extrañas máquinas que los hacen moverse tan rápido?

Con un final inesperado, quizás deberíamos de tomarnos las cosas con más calma. O de ver las cosas como este protagonista con raíces.

16. Los que se van de Omelas (***)

Me senté y empecé a escribir una historia, únicamente porque me apetecía, pensando solo en la palabra Omelas. Venía de una señal de carretera: Salem (Oregon) leída al revés. ¿Ustedes no leen los letreros de la carretera al revés? POTS. soñin NÓICUACERP. Ocsicnarf Nas… Salem es igual a schelomo, que es igual a salaam, que es igual a Paz. Melas. O melas. Omelas. Homme helas. «¿De dónde saca sus ideas, señora Le Guin?». De olvidar a Dostoievski y leer los letreros de la carretera de derecha a izquierda, naturalmente. ¿De dónde, si no?

Esta es la historia de una ciudad, ni muy grande ni muy chica; risueña; con un ambiente que se antojó de ensueño, al que podría colocarse en los libros de historia la frase: «Hace mucho tiempo en un lejano reino…»

Las calles son amplias, limpias; los comercios abundantes en mercancías y los clientes abundantes en dinero; los bosques cercanos invitan a ser visitados de manera frecuente y los vecinos amables y sonrientes.

¿Quién sería el loco que quisiera salir de Omelas?

Pero hay una historia oscura que sostiene el brillo del día y lo amable de la noche. Y es del dominio público. Todos saben lo que hay en el viejo y pequeño sótano de una de las más antiguas casas de la ciudad, a un lado de un par de viejas y feas escobas.

Después de la visita, jóvenes (hombres o mujeres) y adultos (hombres o mujeres) dan vueltas sin hablar en la sala de su casa.

Y sin mediar palabra toman sus cosas; aquellas que no llamen la atención, lo que les permita salir lo más pronto posible. Y no son vueltos a ver.

17. El día antes de la revolución (***)

Esta historia trata sobre uno de los que abandonan Omelas.

Citas:

«¡Qué coraje demuestras continuando con el trabajo, escribiendo, en prisión, después de una derrota semejante para el movimiento, después de la muerte de tu compañero!»: esto le decían. ¡Qué raza de estúpidos! ¿Qué otra cosa se podría haber hecho? Energía, coraje… ¿Pero qué era el coraje? No había logrado imaginarlo jamás. Los otros decían: jamás tienes miedo. Otros aún: tienes miedo pero sin embargo continúas. ¿Pero qué otra cosa se podría haber hecho sino continuar? ¿Existía una verdadera posibilidad de elección? Morir significaba solamente continuar en una dirección diferente.»

«Después de una vida gastada en la esperanza porque nada se le había dado, se perdía el gusto de la victoria. Un verdadero sentido de triunfo debe estar precedido por una verdadera desesperación. Y ella había olvidado desesperar mucho tiempo antes. El triunfo ya no era posible.»

Esta es una tierra donde la revolución ha tomado las tierras, los cuerpos y las almas de todos los habitantes. La anarquía es la propuesta para tomar decisiones que afecten a todos los habitantes. Algún día, con paciencia y trabajo constante, las ideas permearan al resto de las comunidades, después a los países y por último al planeta entero.

Mientras tanto, una sola persona lleva sobre sus hombros la pesada carga de darle seguimiento a sus escritos y de manera frecuente darles una manita de gato para las nuevas generaciones; recibirlos para darles la bienvenida al movimiento; dejarse ver en las frecuentes fiestas… y dejar que su ayudante le ayude a peinarse, cambiarse de ropa para dormir.

Y la edad que sigue avanzando y haciendo que las viejas heridas que el cuerpo guarda sin recelo se vayan haciendo más feas y pronunciadas.

¿Llegará el momento en que pueda descansar? ¿Qué vuelva a ver al amor que los días de juventud me dieron pero que el movimiento me quito?

Reseña previamente publicada en El color que vino del espacio.

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