Reseña Película: Sonic the Hedgehog 2 (2022)

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Tïtulo original: Sonic the Hedgehog 2
Año: 2022
Director: Jeff Fowler
Guión: Pat Casey, Josh Miller, John Whittington
Con: Ben Schwarz, Jim Carrey, James Marsden, Idris Elba.
Duración: 122 min.
Grado: 6/10
Reseña: Hugo C

Reseña sin spoilers, pero…

Retomo el tema de la ley de rendimientos decrecientes (law of diminishing returns) de la que hablaba en la reseña de Death of the Justice League. Para los que se perdieron el episodio anterior, se trata de cuando uno tiene que poner más para obtener un rédito menor, y una de las situaciones en que esta ley suele aplicarse es con las sucesivas secuelas de una película. Por ejemplo, las cuatro primeras entregas de Duro de matar. En la primera, lo que está en juego es un edificio. En la secuela, un aeropuerto. En la tercera, la ciudad de Nueva York. En la cuarta, la Costa Este, o incluso todo Estados Unidos. De haber seguido por ese camino, la quinta hubiese debido ser una amenaza a nivel global, y la sexta, a nivel galáctico.

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Pero bueno, queda claro, ¿no? Se suben las apuestas pero se obtiene menos ganancia. En el caso de Sonic the Hedgehog 2 (2022), se van amontonando más muñequitos y a pesar (o a causa) de eso se obtiene un producto (ligeramente) inferior al original. Ahora no sólo tenemos a Sónico el erizo azul, sino a Colas el zorro anaranjado y a Nudillos el equidna rojo. Supongo que en la próxima tendremos, además, a Páncreas el ornitorrinco verde, o a Super Mario, o algo así. Lamentablemente, o bien no tendremos a Robotnik, o habrá un recasting ya que Jim Carrey anunció su retiro de los trajines de la Meca del Cine, así que disfrutemos lo que ya tenemos.

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Carrey se carga la película al hombro en cada escena en la que aparece.
En.
Cada.
Escena.
Sí, todos queremos al muñequito azul, todo bien, pero Carrey es el alma de la película. Y se lo aprecia especialmente en esta película llena de CGI y muñequitos que van de acá para allá, en la que los humanos –aquellos que no son Jim Carrey– aparecen sólo como comparsas condenadas a recitar algún que otro chascarrillo sin demasiada gracia o hacer de partiquinos de los muñequitos.

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El argumento principal nos muestra a un Sonic que intenta hacer de superhéroe, pero –como suele suceder en una comedia de este tipo– las cosas no le salen del todo bien. Entretanto, Robotnik se las arregla para volver de su exilio en el planeta de los honguitos y termina aliándose con el muñequito rojo. Y no nos olvidemos del muñequito anaranjado que habíamos visto al final de la primera película –epa, spoiler, pero de la original–, que finalmente da con el muñequito azul. De ahí en más la película transcurre por andariveles muy previsibles que no contaré por si algún niño o niña o niñe está leyendo esta reseña. Hay un diamante gigante, que es verde, para completar el esquema de colores (ya que el ornitorrinco no aparece aún). Asimismo hay un robot gigante, y bueno, con eso van más o menos armando el asunto.

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Hay un argumento secundario con la boda de la hermana del esposa del policía de la primera parte, que es una mezcla de película del canal Hallmark y Locademia de policía y que afortunadamente ocupa pocos de los 122 minutos del metraje. El resto de la película son muñequitos y más muñequitos, corriendo de aquí para allá y dándose tortas, y de a ratos un poquito de Jim Carrey, que sólo Dios sabe cuánto lo vamos a extrañar.

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A todo esto, la película entretiene, pero, como ya he dicho, la primera era un poco mejor ya que era diversión para todas las edades. Sí, como el aceite Uspallata, incluso para el abuelito que baila en una pata. Esta segunda parte está más orientada al público infantil y/o a aquellos que han jugado los jueguitos. Como siempre, es una opinión personal, y tal vez se deba a que tengo 55 años y no 5, y, aún así, me entretuvo lo suficiente como para verla al menos una vez. La recomiendo para todo aquel que tiene niños o niñas o niñes, que la van a pasar bien, especialmente porque se suman más personajes de los videojuegos –e incluso la apariencia de Robotnik revierte a la estética original de éstos, es decir, pelado y bigotón– y, en general, las escenas de acción le resultarán familiares a quienes hayan jugado alguna vez a cualquiera de los muchos jueguitos del erizo azul que ha ido publicando Sega en las últimas décadas.

Un último comentario: ¿no se supone que los anillos de Sonic son un bien escaso? El tipito sólo tiene una bolsita con unos pocos, y en esta película los regala como si fueran caramelos.

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